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La Cosa: Primer encuentro

1 mayo 2020
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Por Percy Prado:

Al borde de la carretera había un pozo de ladrillos lucidos y pintados de blanco. La poca agua que contenía era oscura y tenía algas pegadas a las paredes. A escasos metros había un arco de sillares donde estaba escrito «Santísima Virgen de la Quebrada Gloria». En un letrero verde, como el de los avisos de tránsito, se leía que la imagen era milagrosa. Otros dos letreros más pequeños también se mantenían en pie. Ella cruzó primera el arco y empezó a bajar las gradas. Yo, antes de seguirla, me aseguré de ver de nuevo esa extraña luz que salía del santuario levantado en el cerro del frente. A mitad del ascenso había otro pozo y cerca de él, sobre un rellano acondicionado en la ladera, estaban las letrinas con las puertas desvencijadas. Todo permanecía inmóvil, seco y desolado. Parecía que nadie estuvo ahí en años y sin embargo había una luz que destellaba desde donde debía de estar el altar. La figura de la anciana muerta volvió a mi cabeza, pero a ella se sobrepuso la última imagen que recordaba de la mujer que vi huir bajo la lluvia.

Cuando tomamos el último tramo de las gradas, me detuve y volteé para ver el lecho de la quebrada. Ahí, las piedras parecían más grandes y filosas. Alrededor todos los cerros estaban llenos de rocas que bajo el intenso sol adquirían una clara tonalidad ocre. Reemprendí el ascenso. La chica del buzo ahora iba diez o doce gradas delante de mí. La luz que habíamos visto desde la carretera era débil e insegura. Cuando llegamos a la construcción principal, nos topamos con una pequeña sala llena de bancas de iglesia. En el fondo, estaba el altar precedido por tres cortas gradas pintadas de rojo y algunos jarrones con flores resecas. En el cerro mismo se había formado una especie de urna natural en cuyo centro sobresalía una roca con forma de huevo, a sus pies estaba la fuente de luz que nos había llamado la atención.

Desde el otro lado de la quebrada, esa luz parecía apenas la de una vela, pero ahora irradiaba fuerte aunque parpadeante. Sin duda, había sido puesta recientemente ahí, junto a una manta que, como en ofrenda, contenía un par de sonajas, un caballito de madera y una pequeña fotografía. Como una aparición imprevista, surgió de un costado del altar, silenciosa y desconcertada, una mujer más baja y joven que yo. Tenía en la mano una piedra de buen tamaño y en sus ojos pude ver la desesperada decisión de estar dispuesta a defender con su propia vida algo de mucho valor.

 

 

 


Nota: La Cosa, es un proyecto narrativo seriado. Cada día tendremos una nueva entrega, un nuevo fragmento de la historia que nos comparte Sandra, testigo de una versión del mundo donde, algo ha mermado a la humanidad y las redes sociales son aparentemente, lo único de nuestra cultura que todavía se mantiene en pie.
Si quieres leer las historias anteriores te invitamos a seguir los link.

La Cosa
La Cosa: Clac
La Cosa: Cinta aislante
La Cosa: Batería
La Cosa: El Infierno
La Cosa: La chica del buzo
La Cosa: El refugio
La Cosa: Redes vivas
La Cosa: Una luz
La Cosa: La caida

 

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