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NACIONAL. Hoy es el Día Mundial contra la Trata de Personas

30 julio 2016
trata de personas

El 30 de julio marca el Día Internacional contra la Trata de Personas. Esta importante fecha busca sensibilizar al mundo frente a la esclavitud moderna y, sobre todo, dar a conocer la situación de sus víctimas.

La trata de personas tiene muchas caras. Es una persona traficada, una mujer explotada sexualmente, un hombre secuestrado para extraerle sus órganos, un niño sometido a trabajo forzado, una niña ejerciendo servidumbre doméstica como si fuera una esclava, y muchas más.

Las víctimas son en su mayoría mujeres, representando hasta el 70% de las víctimas a escala global. Cada vez la niñez cobra más víctimas, particularmente niñas menores de 18 años. Dos de cada tres niños víctimas son niñas. Las mujeres y las niñas representan tristemente tres cuartos de la totalidad de las víctimas, en un escenario donde tres cuartos de los traficantes son hombres.

Siempre se ha dicho que la trata de personas es un delito de bajo riesgo y de alta rentabilidad. Desafortunadamente, las cifras todavía lo confirman. El negocio de la trata genera unos 150,000 millones de dólares anualmente (dos tercios provienen de la explotación sexual), según la Organización Internacional del Trabajo, y efectivamente, estamos lejos de ganar la batalla.

En 2003, cuando el Protocolo de las Naciones Unidas para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, especialmente Mujeres y Niños (también conocido como el Protocolo contra la Trata de Personas), entró en vigor, menos de la mitad de los países del mundo tenía legislación contra la trata de personas. Hoy, más del 90% ha tipificado el delito. No obstante, los traficantes siguen operando con preocupantes niveles de impunidad. El 15% de los países no tienen una sentencia condenatoria y el 40% reportan menos de diez sentencias condenatorias al año.

Desde el punto de vista netamente jurídico, la razón radica en que la legislación no siempre capta todas las manifestaciones de la trata y sus víctimas. En efecto, miles de millones de personas carecen de protección legal y permanecen en constante riesgo.

En Sudamérica, la gran mayoría de los países cuentan con una legislación antitrata adecuada. No obstante, solamente el Perú ha demostrado más de 50 sentencias condenatorias por año entre 2010 y 2012, según el último Informe Global de Trata de Personas (2014). Confiamos en que el Perú siga siendo un referente positivo cuando salga el próximo Informe Global, que será presentado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito a finales de este año.

Esto muestra que, más allá de las posibles deficiencias legislativas, el intercambio de información y la cooperación transfronteriza, toca abordar las raíces del problema. Tanto la pobreza, la desigualdad como la falta de educación y oportunidad crean las vulnerabilidades que los traficantes explotan. Igualmente hay que romper los nexos entre la trata y otras actividades delictivas como el narcotráfico y la minería ilegal.

Puede ser que la trata de personas sea un delito transnacional, pero es un delito que se comete a nivel local, en nuestros barrios y muchas veces a plena vista.

De hecho, casi todas las víctimas en Sudamérica son ciudadanos del país en el cual son detectadas o proceden de un país vecino. El 80% de los traficantes sudamericanos son condenados en sus países y el 17% son ciudadanos de otros países de la región.

Por ello, el día de hoy –Día Mundial contra la Trata de Personas– debemos vernos a los ojos y preguntarnos si podemos hacer más. La respuesta es claramente sí, con la filosofía “hacer lo máximo posible y no lo mínimo necesario”, y así poner fin al maltrato, la explotación, la trata, la tortura y todas las formas de violencia contra los niños como señalan los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Objetivo 16, Meta 16.2).

Necesitamos más sensibilización, más información, más articulación, más prevención en comunidades vulnerables, más formación, más herramientas, más cooperación, más asistencia a las víctimas y, sobre todo, más compromiso individual y colectivo para ver y poner fin a lo que está pasando justo en frente de nuestros ojos.

Más allá de las posibles deficiencias legislativas, toca abordar las raíces del problema.

Artpiculo de Kristian Hölge Representante de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito para Perú y Ecuador

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