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La Cosa: Redes vivas

21 abril 2020
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Me llamo Sandra y no soy la única sobreviviente. En los largos días en que creí que era la última persona caminando sobre la tierra, sentía que nada de lo hecho por el hombre sobrevivía. Si bien los edificios, los automóviles, las pistas y los puentes se mantenían en pie, ya nada de eso tenía sentido, porque todos estaban muertos, y yo, la última, también lo estaría pronto.

Las ciudades, la máxima creación del ser humano, habían quedado ahora solo pobladas de cadáveres. Dejarían de existir cuando yo muriera. Fue en esos días que descubrí que algo continuaba funcionando, la única creación humana que «respiraba». Y desde ahí lancé desesperados mensajes de auxilio, mensajes como una minúscula botella arrojada al inmenso mar de la virtualidad. Nunca nadie ha respondido. Ya no espero que respondan. He terminado por aceptar que jamás sabré por qué las redes de Internet no han caído como las ciudades de verdad. Ni por qué siguen con vida los perfiles y no los hombres que los crearon. Estoy empezando a verme como una intrusa en este mundo, una externalidad que el sistema no puede evitar, un alma de otra dimensión que lanza llamadas de auxilio a un lugar donde nadie la comprende. Es terrible pensarlo, porque en un momento me invade el miedo de descubrir que yo soy la mentira y ustedes, mudos y felices y hermosos en sus perfiles, son lo real.

La mañana en que decidí salir de Arequipa rumbo al puerto, sí, esa mañana que descubrí que no era la única sobreviviente, experimenté la felicidad y el pavor en grados iguales. Pero todas las posibilidades que estas emociones elucubraron en mi mente fueron erradas. Nada me alertó de lo que hallaría al alcanzar a la chica del buzo. Los golpes sí los sospeché, pero jamás esperé encontrarme con alguien como ella. Quizá esperaba hallar a alguien igual a mí. Tal vez de ahí provenía mi felicidad y mi miedo. Pero ella, además de ser más fuerte que yo, más dura de huesos y tosca de facciones, ella, a pesar del aire perverso que le da su defecto del habla, ella es más naturalmente humana que yo. Me protegió y alimentó durante días. Yo apenas si salía del refugio. No era el golpe del mentón lo que me demoraba en sanar. Sin embargo, sané y ahora ella, la chica del buzo, y yo iremos juntas al puerto.

 

 


Nota: La Cosa, es un proyecto narrativo seriado. Cada día tendremos una nueva entrega, un nuevo fragmento de la historia que nos comparte Sandra, testigo de una versión del mundo donde, algo ha mermado a la humanidad y las redes sociales son aparentemente, lo único de nuestra cultura que todavía se mantiene en pie.
Si quieres leer las historias anteriores te invitamos a seguir los link.

La Cosa
La Cosa: Clac
La Cosa: Cinta aislante
La Cosa: Batería
La Cosa: El Infierno
La Cosa: La chica del buzo
La Cosa: El refugio

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