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La Cosa: La chica del buzo

18 abril 2020
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Han pasado semanas desde que murió la batería del celular donde escribí mi último mensaje. Aún no fui a la costa, pero ya no estoy sola. Y sigo sin saber si alguno lee esto o si alguien lo leerá en el futuro. Tampoco entiendo por qué las redes no han caído aún, si no es para que yo continúe escribiendo. Cuando eché a correr detrás de la mujer que se llevó mis provisiones, no imaginaba lo que vendría. No me fue difícil alcanzarla, ella tuvo que abandonar la caja para huir. Un impulso me mandó a perseguirla, la vi doblar hacia la avenida Independencia y aceleré para no perderla. Al tomar la misma esquina me cayó un mazazo en la cara y todo se volvió negro de pronto. No sé cuánto tiempo estuve inconsciente.

Cuando desperté, una manada de perros salvajes husmeaba cautelosos cerca de mí. Me arrastré lo más rápido que pude hasta colocar mi espalda contra la pared más cercana; ellos, avivados por mi reacción, me rodearon en círculo, curiosos pero todavía no feroces. Un mestizo marrón del tamaño de un pastor alemán empezó a gruñir y otro más pequeño lanzaba ladridos nerviosamente. En la confusión que estaba, no pude contar cuántos eran, sospecho que superaban la docena. Me sentí perdida.

Ese hubiera sido mi final si la mujer que me noqueó no hubiera vuelto. Apareció por la esquina de Víctor Lira, a unos cincuenta metros. Resguardada detrás de un auto abandonado, gritaba y arrojaba desde ahí botellas de vidrio. Los perros dejaron de prestarme atención y fueron contra ella. La mujer no se acobardó y siguió tirándoles botellas que al caer estallaban en mil pedazos. Yo me llevé la mano al mentón y lo palpé enorme y doloroso. Sentí el óxido sabor de la sangre que manaba por mis encías. Era tragármela o escupirla. Al lanzar el gargajo sanguinolento, mi lengua experimentó un terrible tirón que la dejó ardiendo buen rato. Los perros se replegaban avenida abajo, la mujer había dejado de esconderse y de pie en mitad de la pista continuaba lanzado gritos. Mis ojos volvieron a nublarse. Lo último que pude reconocer fue el buzo que llevaba puesto, luego todo fue oscuridad.

 


Nota: La Cosa, es un proyecto narrativo seriado. Cada día tendremos una nueva entrega, un nuevo fragmento de la historia que nos comparte Sandra, testigo de una versión del mundo donde, algo ha mermado a la humanidad y las redes sociales son aparentemente, lo único de nuestra cultura que todavía se mantiene en pie.
Si quieres leer las historias anteriores te invitamos a seguir los primeros textos de Sandra.

La Cosa
La Cosa: Clac
La Cosa: Cinta aislante
La Cosa: Batería
La Cosa: El Infierno

 

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