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La Cosa: Caída

29 abril 2020
vela

Por Percy Prado:

Lo primero que pensé al ver la luz del santuario fue en más personas sobrevivientes. Luego, sin explicación, asaltó mi mente la imagen de la anciana del rosario muerta en su cama. Su recuerdo desaceleró mi corazón. La vida después de salir de mi confinamiento fue un constante asesinato de ilusiones. Sobrevivía en una ciudad de fantasmas. Todas las esperanzas que alguna vez albergué de hallar a alguien vivo fueron derribadas a los siete días. Lo peor de todo es que algún hecho o alguien aparezca y reanime la fe, porque entonces la dura realidad a la que te habías acostumbrado se trastoca y vuelves a creer ingenuamente.

Eso pasó conmigo cuando vi a la primera mujer viva, una tarde en la que el cielo se había cerrado y sus negras nubes amenazaban descargarse con furia. Aquella vez estuve varias horas entre los puestos de la feria del Altiplano buscando cualquier cosa que llevarme a la boca. Caminaba lentamente por los pasillos probando si algún candado estaba mal colocado o una puerta mal cerrada. Pero nada. Entonces la vi, primero como una sombra que cruzó por un pasadizo aledaño. Nunca he creído en fantasmas porque nunca he visto uno, sin embargo, aquella vez dudé. Tal vez mis sentidos me habían engañado o realmente se trataba de un espectro, pues había pasado veloz y silenciosa.

Aunque caminé hacia el lugar por donde la había visto pasar, sentía miedo y percibía más oscuros los pasadizos. Varias veces recorrí los mismos lugares sin hallarla. Resignada y con un cielo cada vez más amenazante, decidí regresar a mi refugio. Cuando cruzaba la avenida Mariscal Castilla la volví a ver caminando por una de las aceras de la avenida Jesús, a unos 200 metros. Me quedé petrificada por un momento. Vi claramente su falda verde pacay, sus pantorrillas enfundadas en altas medias de lana y la pequeña carga que llevaba a la espalda. Sentí caer en mi rostro las primeras gotas de lluvia, pero seguí ahí inmóvil, viéndola irse, hasta que el aguacero se desató vigoroso y yo reaccioné.

Grité con todas mis fuerzas y eché a correr tras ella. Grité, no dejaba de gritar. Cuando crucé hacia el otro lado de la avenida, a la altura del puente sobre la torrentera, me detuve y me cubrí con el brazo para evitar que la lluvia me diera justo en el rostro. Aún la alcancé a mirar, caminaba apurada pegadita a la pared. Eché a correr de nuevo, pero a los pocos trancos resbalé y caí de costado sobre el filo de la vereda.

El golpe me quitó el aire, aun así quise levantarme para seguirla, sin embargo, apenas pude girar un poco y quedé de espaldas tendida en la pista. Desesperada, abría la boca en busca de aire, en un momento creí ver mi final, la lluvia caía sin piedad sobre mi cara y yo quería respirar, pero la dura presión que sentía entre el pecho y el estómago era invencible. Poco a poco dejé de moverme y el aire no volvía a mí. Luchaba por mantener los ojos bien abiertos a pesar del aguacero. Lo único que podía ver era un retazo de cielo oscuro viniéndose abajo en gruesas gotas. Pensé que esa forma indefinible y lejana, como preámbulo de una penumbra, sería lo último que miraría. Había dejado de moverme y cerré los ojos, ya sentía decaer la angustiosa búsqueda de aire para dar paso solo a la oscuridad, cuando, como un envión de tobogán, sentí entrar una gran bocanada hasta el fondo de mi pecho y, luego de expulsarla, entró otra; entonces abrí los ojos y giré para ver hacia donde la mujer se había ido, la lluvia seguía cayendo incesante, pude ver las pequeñas corrientes que se habían formado, los charcos donde explotaban las gotas de lluvia y la avenida Jesús más desolada y triste que nunca.

 


Nota: La Cosa, es un proyecto narrativo seriado. Cada día tendremos una nueva entrega, un nuevo fragmento de la historia que nos comparte Sandra, testigo de una versión del mundo donde, algo ha mermado a la humanidad y las redes sociales son aparentemente, lo único de nuestra cultura que todavía se mantiene en pie.
Si quieres leer las historias anteriores te invitamos a seguir los link.

La Cosa
La Cosa: Clac
La Cosa: Cinta aislante
La Cosa: Batería
La Cosa: El Infierno
La Cosa: La chica del buzo
La Cosa: El refugio
La Cosa: Redes vivas
La Cosa: Una luz

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