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“Estado de emergencia y violencia contra la mujer” Por Sandra Niño de Guzmán

"Nunca olvides que una crisis política, económica o religiosa será suficiente para que los derechos de las mujeres sean cuestionados" -Simone de Beauvoir

10 julio 2020
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El estado de emergencia ha tenido diferentes consecuencias en la sociedad en virtud de la población a la que un individuo pertenece, más aún si la población es históricamente vulnerable, como es el caso de las mujeres. Esta situación ha trascendido fronteras y continentes por lo que resulta fundamental analizar el impacto y plantear medidas en la comunidad internacional independientemente de nacionalidades, credos religiosos y culturas. Para ello, el enfoque de género es imprescindible a la hora de analizar críticamente las relaciones asimétricas de poder entre hombres y mujeres y sobre todo la apropiación del cuerpo de la mujer que, a su vez, perpetúa la violencia, coerción y discriminación.

La indiferencia y subestimación a los problemas de salud sexual y reproductiva que presentan las mujeres son latentes en el estado de emergencia. Como afirmó la filósofa Alicia Miyares, el despojar estos derechos de las beneficiarias, constituye el mayor grado de violencia cultural. En Reino Unido, una quinta parte del personal de enfermería, parteras y comadronas han sido reasignadas al sector de UCI dejando aisladas y sin protección a las mujeres que no pueden autogestionarse por falta de condiciones materiales y sanitarias. En Perú, se ha denegado la entrega de los kits de emergencia a niñas víctimas de violencia sexual pese a que el índice es alto, hasta fines de abril se habían registrado más de 100 casos por lo que estás niñas tienen 4 veces más de probabilidades de morir dado que sus cuerpos no están preparados para el proceso de gestación. La efectividad de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres se cumplirá siempre y cuando haya un reconocimiento pleno de la mujer como ciudadana. Si esto no se puede garantizar, se debe poner en tela de juicio los principios democráticos que caracterizan a los países que tanto se jactan de esta forma de gobierno.

Si bien es cierto, en Sudán se ha penalizado la mutilación genital femenina en pleno estado de emergencia, el avance de la lucha contra esta práctica se ve impedida al no poder contar con los espacios comunitarios y aldeanos de concientización acerca de los daños que atestan a las mujeres adultas y niñas. Además, debido al impacto de la crisis económica y aumento de la pobreza en las familias, el matrimonio infantil se convierte en una opción. Este con el fin de aliviar la carga que supone el cuidado de las hijas, por ello, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, el confinamiento provocaría 2 millones más de ablaciones del clítoris y 13 millones de matrimonios forzados en menores de 10 años para la próxima década. De esta manera, la continua apelación a un multiculturalismo protector de la identidad étnica vulnera la integridad de las mujeres ya que se fundamenta en un machismo ferviente protagonista y resistente en la región africana.

En conclusión, es necesario leer la coyuntura en clave de género lo que significa notar el impacto diferencial y la brecha de desigualdad entre hombres y mujeres, partir de esta distinción para elaborar políticas públicas o medidas de emergencia más certeras y estudiadas. La reivindicación de los derechos de las mujeres debe ser global, trascender valores morales basados en un relativismo cultural normativo y hacer responsables a los Estados para resolver esta problemática.

Autora: Sandra Ximena Niño de Guzmán Tapia
Estudiante de 2do año de la Escuela de Ciencia Política y Gobierno UCSM

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