ELECCIONES ADELANTADAS: Lo menos peor o lo más mejor (Por Mario Benavente Llerena)

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Escuchaba las declaraciones de un líder político decir que el adelanto de elecciones era “lo menos peor” para el país y sustentaba su posición coincidiendo con esos políticos que ¡oh maravilla! de pronto se acordaron que estamos en crisis, que el congreso y el ejecutivo no se entienden, que la economía está estancada, que aumentarán los pobres, que la anemia, que la reconstrucción del norte, que los conflictos sociales, que la gobernabilidad, y bla, bla bla…cuando por tres años lo único que les interesaba era aprovechar el poder para proteger sus intereses y los intereses de poderosos grupos económicos(leyes a favor de casinos, colegios privados, pesqueras, AFPs, exoneraciones, etc.), además de blindar la corrupción protegiendo a jueces y fiscales supremos cómplices para asegurar su impunidad.

¿Y los ciudadanos? Solo somos testigos indignados y decepcionados de ver como nuestros representantes que elegimos, olvidaron olímpicamente sus compromisos electorales. Dice la sabiduría popular que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista” y es que la población viene presionando para que se tomen decisiones orientadas a una renovación de la clase política y en ese sentido el presidente Martin Vizcarra anunció la presentación de un proyecto de reforma de la constitución para el adelanto de elecciones generales vía referéndum, que debe ser aprobado por los congresistas, lo que es bien difícil porque no quieren perder privilegios, pero cuenta con alto respaldo en las calles.

Dado el difícil contexto por el que venimos atravesando como país, el adelanto de elecciones es “adelantar” la culminación de un gobierno débil y desorientado que no supo gobernar tomando decisiones firmes en momentos oportunos; es también adelantar el cierre de un congreso con una mayoría aprofujimorista confrontacional y obstruccionista y; fundamentalmente es dejar sin protección política a jueces y fiscales amigos de la corrupción.

Ser o no ser, los menos peor o lo más mejor, esa es la cuestión. Los pesimistas o los que son parte de ese statu quo dirán que no se puede o que la población elegirá a peores representantes. Los otros o los demasiado optimistas dirán que el Perú se convertirá en el paraíso. Ni lo uno, ni lo otro. Es una gran oportunidad no solo para que el pueblo decida su destino, sino para generar nuevos contextos de acción política, con más propuestas y más participación.