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Arequipa, de ciudad caudillo a ciudad global II

Evolución y breve repaso por la historia del León del Sur

6 agosto 2020
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Por José Gabriel Valdivia Álvarez*

 

III

Este capítulo democrático y republicano tiene en el siglo XX varios momentos. Son dignos de mención los ocurridos en la caída de A. B. Leguía y las revueltas contra Sánchez Cerro, o los sucesos de 1950, cuando al mando de su último caudillo, Francisco Mostajo, se levanta contra la dictadura de Manuel A. Odría.

En los años siguientes, el surgimiento de uno de los movimientos políticos más importantes del siglo XX, conocido como Democracia Cristiana, nuevamente la ubica en el escenario nacional,  contribuyendo con ilustres tribunos y hombres de bien a la reflexión sobre el destino de la patria en democracia y libertad. Esto provocó una leve modernidad de su espacio con la creación del Parque Industrial y el impulso de irrigaciones.

En los años setenta, la aristocracia residual recibió los embates del gobierno militar de Juan Velasco Alvarado y cedió el paso a la renovación de su prosapia e identidad. Desde entonces, un nuevo modo de vida caracterizó al Perú y también a la Ciudad Blanca.

En la década del ochenta, vuelta ya la democracia, Arequipa se convierte en un centro de atracción de las miradas de los pobladores de la región surandina. Y en este naciente proceso de regionalización y descentralización, fue propuesta como región en solitario, pensando en sus tradicionales pretensiones de autonomía, pero también por el recelo de los departamentos vecinos.

A pesar de ello, no pudo sustraerse a la presión de los fuertes flujos migratorios venidos de los Andes que la tomaron por sus conos y extremos. Estos nuevos habitantes ocuparon espacios denominados marginales y realizaron actividades productivas, calificadas como informales. Ellos arribaron con una esperanza de mejorar las condiciones materiales de sus familias y construir un futuro promisorio para sus hijos.

 

IV

A la par de este importante flujo migratorio, se debe ir tomando en cuenta, la urgente y obligada inserción en el contexto de la globalización, vista como un modelo económico donde prima el flujo de capitales y el libre mercado mundial, ha pasado a formar parte de las agendas de desarrollo de muchas naciones, países y ciudades del orbe.

Estas recientes políticas de mundialización han provocado modificaciones en los criterios tradicionales de gobernabilidad en todo el mundo y han puesto en consideración algunas demandas de identidad y pertenencia a etnias, religiones y culturas para una eficaz inserción de los pueblos sin historia en la era de lo global y la reproducción del capital en escala ampliada.

El manejo de una nueva gobernabilidad territorial en el planeta, ha obedecido a influyentes criterios geográficos que consideran la mundialización desde varios centros a partir de las nuevas cosmópolis o ciudades globales. De este modo, ha aparecido una trilogía de legitimidades que se inician en lo local pasan por el Estado-nación y terminan en las instancias internacionales.

En el futuro no existirá una sola ciudad como centro del mundo sino varias grandes-ciudades desde el Oriente hasta el Occidente del planeta. Los criterios demográficos, sumados a la industrialización y la urbanización que determinaban las megalópolis -caso Tokio, Japón- no bastan hoy para ingresar en la clasificación de “ciudad global”.

Se debe considerar, además, la presencia de centros universitarios ligados a centros de investigación mundiales, de actividades de coordinación financiera corporativa y de muestras excepcionales de calidad de vida urbana, es decir, de centros de reflexión y de actividades de coordinación y movimiento de dinero, mercancías, personas e ideas que promuevan un cosmopolitismo de condiciones ostentosas.

Ninguna ciudad latinoamericana actual ni muchas europeas o asiáticas, forman parte de este nuevo diseño del desarrollo mundial y global.

En lo que respecta al Perú y sus grandes ciudades, el camino parece ser utópico cuando no imposible, pero se puede avanzar si las autoridades hacen conciencia de esta articulación entre lo local, lo nacional y lo mundial. Arequipa debe perfilarse hacia ese horizonte universal.

 


* Sobre José Gabriel Valdivia. Poeta, periodista, crítico literario y docente universitario. Premio Nacional de Poesía César Vallejo, 1987. Premio de investigación en el área de Ciencias Sociales, 2001 y 2007, de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa.

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